Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la
opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por
una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la
vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan
había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras:
«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que
todos los que creen en él tengan vida eterna» (cf. 3, 16). La fe
cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el
núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva
profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día
con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe,
compendian el núcleo de su existencia: «Escucha, Israel: El Señor
nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón,
con toda el alma, con todas las fuerzas» (6, 4-5). Jesús, haciendo de
ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a
Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31).
Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10),
ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al
don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.(DCE1)Benedicto XVI
lunes, 17 de agosto de 2009
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1 comentario:
aunque los signos del AMOR divino ya son claros en la creación, la revelación plena del misterio intimo de DIOS se realzó en la encarnación, cuando DIOS mismo se hizo hombre. En cristo verdadero DIOS y verdadero hombre, hemos conocido el AMOR en todo su alcance...
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